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  • Los Tarahumaras o Rarámuris. Una raza nacida para correr

    ¿Quienes son los tarahumaras? ¿Los mismos que los rarámuris o son diferentes? No me había cuestionado esto hasta que llegando a la zona empecé a oír ambos términos usados de manera indistinta. Partimos Gerardo y yo camino a Guachochi, una población justo en la parte alta de “La reina de las Barrancas, La Sinforosa” (1.830 mts. de profundidad) y donde se corre anualmente el ultra maratón de los Cañones. La carrera de los legendarios Tarahumaras. 100 kilómetros en medio de un paisaje indescriptible en el corazón de las barrancas del cobre en Chihuahua, México.

    En este increíble y sinuoso camino fue donde decidí hacer víctima a nuestro chofer de todas mis dudas acerca de su raza y los mitos que la rodean; él muy amable fue respondiendo a cada una de todas nuestras preguntas y me explicó acerca de la primera. ¿ Es lo mismo decir Tarahumaras o Rarámuris ? Explica que el nombre original de su raza son los Rarámuris, pero en la época de la conquista, les era imposible a los españoles pronunciar esos nombres indígenas y empezaron a deformar el nombre a raraomara y para terminar en tarahumara. El asunto es que sin mucha vuelta son los mismos y ellos se llaman a si mismos Rarámuris y solo distinguen dos razas humanas, ellos y “los chabochis”, cualquier mortal que no sea rarámuri,  “los blancos aunque sean negros”.

    Ese fue el primer misterio con respecto a estos personajes que me fue aclarado. El segundo y que la mayoría de las personas tienen en mente cuando se habla de ellos es su capacidad de aguante. Los rarámuris corren naturalmente o son ayudados del no menos místico y mencionado peyote o peyotl. Un pequeño cactus endémico en Chihuahua y algunas llanuras en México  y que tiene propiedades alucinógenas y psicodélicas que revelan el alma.

    Él nos explica que el peyote, si es de uso común entre los rarámuri, pero no para correr en una carrera, sino para ciertos rituales y curaciones. Lo usan especialmente los viejos o shamanes de la comunidad.

    Para entender más de esto recomiendo visitar el museo de la población de Creel, justo de donde sale la carretera por la sierra hacia Guachochi. Una comunidad que es parada obligada en el trayecto por el famoso  tren “Chepe” entre los Mochis y Chihuahua, también recomiendo parar en EL Fuerte, población donde nace la leyenda de El Zorro y Divisadero que cuenta con teleféricos y muchas tirolesas de recorridos y distancias impresionantes, así como el mirador de la “Piedra Volada”.

    Por esta misma carretera, hicimos varias escalas por que no puede uno dejar de parar en el Valle de los Hongos, el Lago de Arareco y la Cascada de Cusarare, todos paisajes increíbles donde la naturaleza no escatimó en variedad y color, mientras tanto nuestro guía seguía fascinándonos con su conversación acerca de las carreras y de un juego de pelota que aun realizan entre sus propias comunidades, en donde se fija un circuito y la distancia a recorrer por 7 días consecutivos. Se forman dos equipos con varios corredores siendo el objetivo el seguir sin parar la pelota, lanzándola lo mas lejos posible hacia una misma dirección, relevando a los corredores a lo largo del trayecto, hasta que solo queda uno por cada equipo y el último que queda es el ganador, haciendo acreedora de los premios a su comunidad.

    Cuando escuché este relato, me quedé sorprendida de la cantidad de kilómetros que pueden llegar a recorrer cada uno de los jugadores sin descansar y recordé mis primeras impresiones cuando empecé a conocer estas cosas de ultra maratonistas y que seguramente les pasa a todos ellos, entonces uno se pregunta:

    ¿Como lo hacen? ¿Como aguantan tanto? ¿Como pueden? Mi propio coach me sugirió preguntarle que cosa pensaba para poder resistir durante una carrera, “seria interesante saber como funcionan esas mentes” – me dijo… y yo,  siendo una “entrenadora en actitudes positivas” que estoy siempre preguntando todo… dirigí ahora mi cuestionario mental a Gerardo.

    ¿En que piensas cuando te cansas mucho y vas corriendo? Me sorprendió muchísimo la respuesta y me encanto además, no pienso, no pienso en nada, solo me concentro en seguir avanzando, trato de no pensar y ahí es donde creo que esta el enorme secreto de estos súper atletas y de los tarahumara concretamente; ahí creo que puede haber influido en el pasado el uso del peyote para hacerlos durar en las carreras para cazar animales… ellos cazaban venados persiguiéndolos hasta que a los animales no les era posible continuar y entonces prácticamente se rendían a ellos; creo que ese peyote tuvo la función de nublar un poco la razón y permitir mandar la mente a cualquier otra cosa alucinante y hacerla ajena del dolor y el cansancio. También creo que al paso de muchas generaciones hubo adaptaciones al ambiente y a las condiciones y se mutaron algunos genes o habilidades en los mismos y les dió una enorme resistencia, la que hoy día no precisa de ninguna droga ni peyote… eso me lo demostró una bonita chica que tuve la oportunidad de conocer mas adelante.

    Después de varías horas de camino por montañas y barrancas conseguimos llegar al pueblo y al registro de la carrera, el Número 001 fue para Gerardo (Gerardo Re), y la chica sonriente dijo, ¡ llegó el Argentino !

    La carrera empieza en la plaza de Guachochi, un pequeño pueblito muy orgulloso de la comunidad Rarámuri, que trata de integrarlos dentro de todas las actividades municipales, aunque a ellos no les gusta mucho mezclarse, más bien son una entidad aparte y se manejan con sus propios consejos.  Se corren unos 17 km. en terreno plano hasta llegar al pie de la barranca donde se bajan aproximadamente unos 15 kms, luego se continúan abajo otros 4 y de nuevo se empieza a subir otros 15 kms. para llegar a un punto casi arriba de la barranca donde está el puente colgante mas largo de la barranca y el mirador de kiosco. De ahí regresan a la plaza, donde terminan los que corren la carrera de 65 kms., y los de 100 kms. retornan de nuevo al puente para terminar finalmente en la plaza.

    Obviamente la parte mas complicada es toda la barranca, donde no hay camino alguno que se pueda considerar como tal, va trazado según me dijo Gerardo por pequeños listoncitos rojos (que a veces mañosamente algunos arrancan), todo es despeñadero y en algunas ocasiones de mas de 1,000 metros.

    Cuando me llevaron las alcaldesas al punto del mirador de la barranca “Cumbres de Huerachi” con una vista espectacular, se hace visible la mayor profundidad del cañón y desde donde se supone que se veían por donde iban los corredores, solo grité ¡ Gerardo agarra un taxi yo lo pago che !, ja, já, se morían de risa, ¡ señora no se escucha nada abajo !, dijo uno, aunque yo nunca pude ver ni un solo puntito en aquella profundidad de la barranca, así que no solo envidié la manera de correr de los tarahumara, sino la vista privilegiada que tienen por que ni con la cámara lograba ver algo de donde decían que iban pasando debajo en un punto en el que pasa un río y una cascada “La Rosalinda” que tiene tanta altura que nunca llega el chorro de agua abajo, pues se desvanece en un pequeño rocío o vapor.

    También me explicaron que contrario a lo que pensé, dentro de la barranca el clima era muy húmedo y con muchísimo calor del tipo tropical, cosa que presiona aún más a los corredores.

    En unas cuatrimotos bajamos del mirador a un pequeño techo de palma o teja que llamamos kiosco y aquí fue donde pasé más de siete horas, esperando que subiera de la barranca y cruzara el puente el número 001 “el Argentino”, en este lugar fue donde tuve la fortuna de conocer a una chica muy atlética que venía con su novio y que me comentaron que al día siguiente correrían el medio maratón, Lupita y Marco. Me llamaron la atención los tatuajes del chico y los gritos de la chica, me pareció ser alguien de Chihuahua por que apoyaba mucho a los rarámuri, recuerdo su “weriga, weriga” (ándale, ándale) y “Repabe rarámuri” (arriba tarahumara).

    Nada me impresionó tanto como ver correr a muchos nativos descalzos y con las sandalias en los hombros, ya que dicen que en algunas bajadas pueden descender mejor que con los huaraches puestos. Sin embargo, me enterneció sobre manera ver como algunos de ellos tienen tanto miedo a cruzar los puentes colgantes, que los organizadores,  con todo respeto, les ayudan tomándoles de la mano y estabilizan el puente mientras caminan sobre él. Otra cosa que es sobrecogedora es ver las niñas correr con una especie de huarachitos plásticos que se les van saliendo al correr y sin parar la marcha se los van poniendo y siguen sin descanso, “parecían volar”, dijo Gerardo. Después comentó “iban como suspendidas en una nube bajando la barranca a toda velocidad y con una respiración que parecía que iban a explotar en cualquier momento, sin embargo, me pasaron en la primer bajada y no las volví a ver…”

    Creo que después de que cruzó el primer rarámuri ese puente, pasaron casi cuatro horas antes de que apareciera el primer chabochi, de hecho, ya habían llegado de regreso al puente algunos y volvían a la plaza junto con los primeros chabochis. Yo solo esperaba que apareciera Gerardo para regresarme a la plaza, comprar una Corona (tal como me pidió que hiciera para su parada en el puesto de 65 km), solo que mi aventura recién entonces iba a comenzar.

    Cuando apareció, empezó a subir y como yo no tenia como regresar al pueblo le pedí a las alcaldesas y a los de la cruz roja que me ayudaran, enviándome en el primer vehículo que fuera hacia la plaza, y eso terminó siendo una camioneta con una familia rarámuri que iba ya muy entonada (borrachos), por que tal y como me explicó el chofer, su “pollo” o corredor del pueblo, acababa de ganar ! Esta, será sin duda una de las cosas más divertidas que me ha pasado, nos quedamos sin gasolina, obvio no les preocupaba ni esperar ni tener que caminar o correr. No me ofrecieron de tomar nada, por que como lo único que había eran cervezas y yo no tenía marido a mi lado que lo autorizara, pues… no está permitido que la mujer chabochi tome alcohol sola y como dijo el chofer… “así no la metemos en problemas con su marido, seño”. ( qué ? me decía por dentro, pero me quedé calladita y reía internamente por las abuelas borrachas hablando su idioma y muertas de risa). Llegué a pie al pueblo, por suerte no había sido tan lejos lo de quedarnos sin combustible, pedí un nuevo “aventón” al de la televisión por cable, compré la Corona y me senté a esperar… no mucho por que me la tomé sin permiso y me confirmaron que “el Argentino” ya había pasado de regreso al puente ya hacia 10 minutos.

    Gerardo concluyó exitosamente su carrera y creo que la parte mas satisfactoria no fue la medalla de su quinto lugar, sino el haber compartido podio como el único chabochi y rodeado de tarahumaras.

    Estábamos a la espera de la premiación, cuando venían finalizando los del medio maratón y logré reconocer a Marcos, me encantó ver que una chica rarámuri lo felicitaba muy efusivamente, pero la sangre se me heló cuando vi que era Lupita!!! La chica atlética de ciudad que un día antes vi de calzas y zapatillas Nike.

    Al hacer este artículo, no pude menos que volverme a poner en contacto con ellos y pedirle que me explicara como había empezado a correr y un poco de su vida.

    Me dijo que su comienzo fue justo cuando acababa de tener a su último hijo, y quedó gordita… eso hizo que sus hermanas la inscribieran en una carrera como broma y ella sin entrenamiento ni haber nunca corrido, aceptó.

    Así hizo sus primeros 10 kms., con una semana de entrenamiento de 5 kms.; me dijo que corrió como rarámuri y que le encantó que le tomaran fotos y que no tardó en inscribirse como si nada al finalizar la carrera en la ultramaratón de 65k de Caballo Blanco, que se corría 3 o 4 meses después y ¡ y también la terminó!

    Eso, digo yo, es tener la sangre rarámuri y una genética pura. Si, -me dijo- soy 100% rarámuri, por eso corro vestida así, para que no se les olvide quien soy,  y si volviera a nacer, me gustaría volver a ser yo.

    Les invito a ver esta presentación de los paisajes de Chihuahua. http://www.slideshare.net/carlitosrangel/sierra-tarahumara-por-carlitosrangel-mexico RIS

    Katyna Aguilar

     

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